un grito como de desierto perforado, como pliegues descubiertos
más a la izquierda la cúpula vencida del recuerdo

el vicio mental

las hordas, cansadas del periplo del amanecer descansan bajo el diluvio que desviste la piel sangrada todo es una dulce tragedia una certeza y por qué no besar la herida el sueño
asaltar los vestigios el polvo para estremecer los silencios y las huellas las huellas eternas y el acero que se funde, el abrazo
porque este templo es el abrigo el aire

trazar la línea que corte las horas por el centro mismo de la desolación

quien camina descalzo por las veredas de plata está listo para sonreír ante la madrugada de sus pensamientos, así en su corazón la turbación de la multitud se desangra al ser desatendida en pos de un crimen enteramente más fugaz y más violento, un crimen interior que descarga su veneno en las arterias lindantes a lo consciente depurado de sobresaltos ígneos, un crimen que apabulla los nombres de la realidad y acomete contra la desnudez virgen de toda angustia que someta sus miembros a escupir la verdad chorreada como un cristal
estoy hablando de la locura que nos hace creer hombres mientras juega a ser dios

hay tantos lugares que esperan ser corrompidos por el acero, tantos pasos manchando la virgen soledad, que se hace imposible dirimir la distancia entre la mirada-cumbre de las horas y la otra mirada, la que sólo escucha
es así que los patios del mundo se convierten en la contemplativa calma donde reposan las soledades apenas florecidas, temblores que ven llorar al silencio
en este paisaje de hambres resuena el eco de los ojos extraviados que alguna vez recitaron la magia y que se han nublado para siempre en la quejosa mañana
allí es donde yo intento dibujar el misterio de las cosas

una ninfa corre en las márgenes del éxtasis corrompido haciendo del néctar de la lengua oscura su veneno de aurora boreal y su mancha de azahares, y es en esta cerrazón donde el niño consume su idilio de rosas y prepara su inocencia para arropar los cofres dorados con sus dedos de miel extraviada
-aquel temblará con sus pieles raídas por la noche- se pronuncian los álamos y las cavernas victoriosas
desde las ventanas que adquieren la leyenda de los bosques, las cabezas martilladas convidan a perseguir los diluvios y a secar la estrechez de los pilares con el canto de las madreselvas que conmueven la estadía del sol

nada es nada, sin embargo las palabras manchan el silencio, la nada virginal es penetrada por el acero de la pluma que punza sus entrañas para hacerle vomitar el verbo que resuena en la inmensidad y todo se mancha todo, la tinta mente noche insomnio proliferación de templos paganos repletos de sangre, la sangre del poeta y la ciudad arde, y el cielo se resuelve en lluvia, y tu pluma araña el corazón de la vida y reverbera la melodía la horda las palabras oh las palabras, y quién sabrá escuchar entre la nada, y sentirse tentado de escribirle a los signos de la noche, a los desnudos rumiantes de la sed y verse colmado de oscuridad, para qué, para quién, dónde mirar, dónde descubrir los perfumes de la piel, y temblar llorar asesinar a la mansedumbre gritar todo con los ojos de un ciego, porque las ramas se agitan, hay que pararse en el medio de la tormenta y abrazar al viento correr vaciar el cargador correr chorrear la tinta la sangre, voy a enseñarte lo que es el miedo en un puñado de polvo y caerá el cielo, correr, así entre las hojas como un cazador olvidado sin nombre la pluma llenando el vacío la historia el olvido sin nombre, palabras agujas vertientes del sueño